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La Provincia de Córdoba ofrece al viajero un clima privilegiado. Su territorio se encuentra comprendido en la zona templada del dentro de la Argentina. Su clima es estrictamente mediterráneo; su límite oriental dista del Océano Atlántico 480 kilómetros y su límite oeste, 520 kilómetros del Océano Pacífico.
Los veranos son de días calurosos y noches frescas, y los inviernos generalmente secos, no excesivamente rigurosos. La temperatura media anual está comprendida entre los 16 y 17 °C, aproximadamente. La amplitud anual es de 14 a 15 °C.
Las precipitaciones pluviales superan los 500 mm anuales, en verano, inclusive, puede llegar a 800 mm, excepto en el noroeste de la provincia, donde las lluvias no alcanzan los 200 mm por año. Los vientos del este y del oeste son raros, y de muy corta duración y fuerza.
A partir de septiembre empiezan a predominar los vientos del norte y el noreste, que soplan con fuerza creciente a medida que un centro de depresión ciclónica se define en el frente polar.
En los meses de verano son frecuentes las tormentas con vientos fuertes, aguaceros torrenciales y grandes descargas eléctricas, así como también el granizo, a veces de efectos destructivos.
Desde el inicio del auge turístico en la Argentina, la Provincia de Córdoba fue uno de los centros principales de esa actividad, debido a una serie de factores entre los que destacan la belleza paisajística de sus serranías y la bondad de su clima.
Aire puro, abundante radiación solar, y temperaturas agradables en casi todas las estaciones del año, son los elementos fundamentales que unidos al paisaje han coadyuvado a consolidar la preferencia de los viajeros e impulsar el actual auge turístico.
Por ello, las características benignas del clima hacen de Córdoba un destino todo el año.
Al margen de esa media, existe una variedad de climas locales y microclimas que justifican la fama de Córdoba como centro turístico nacional, desde fines del siglo XIX.
Pero, tantas son las cualidades de este clima, que décadas atrás, cuando la medicina no disponía del arsenal químico con el que hoy combate las enfermedades, era frecuente escuchar a los facultativos recetar "un cambio de aire", y de inmediato recomendaban a sus pacientes estadías en las sierras de Córdoba para el alivio de sus males.
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