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La Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba y las Estancias Jesuíticas, todos monumentos históricos nacionales, fueron declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad, en el año 2000.
Fueron declaradas integrantes del "Patrimonio Cultural de la Humanidad" por la Asamblea Anual de la UNESCO realizada el mismo día del año 2000 en la ciudad de Cairns, Australia. Desde entonces, el circuito jesuítico de Córdoba integrado por cinco estancias ubicadas en el interior de la provincia: la Casa de Caroya (1616), las estancias de Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) y La Candelaria (1683), junto al conjunto céntrico capitalino de la Iglesia de la Compañía, la Capilla Doméstica, el Colegio Nacional Monserrat y la Casa de Trejo, forman parte de uno de los listados más preciados de bienes culturales del mundo y cada vez más buscado por los viajeros que se dejan encantar con esa extraña sensación que provoca el encuentro de la naturaleza con la cultura y la historia.
La Manzana Jesuítica, comprende un bloque integrado por la Iglesia de la Compañía de Jesús, la Capilla Doméstica, la Residencia de los jesuitas y el Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba -antiguo Colegio Máximo de la Compañía de Jesús- con sus dependencias administrativas, Claustro, Salón de Grados, Biblioteca Mayor y Colegio Nacional de Monserrat.
En 1599 los jesuitas se radican en Córdoba, en el solar cedido por el Cabildo de la ciudad, donde existía desde 1589 una pequeña ermita que pronto resultó insuficiente para albergar a religiosos, estudiantes y fieles. Por ello, a partir de 1606 comienzan las obras de edificación que darían forma a la actual Manzana Jesuítica. Sucesivamente se agregan construcciones destinadas al Colegio Máximo (1610), Universidad (1622), Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat (fundado en 1687 pero instalado en su actual emplazamiento en 1782, tras la expulsión de la Compañía) y Noviciado (hacia 1710). La Iglesia y la Capilla Doméstica fueron construidas entre 1644 y 1671. La antigua ermita, una de las construcciones eclesiásticas más antiguas que se conserva en el país, constituye la Sacristía de la Capilla Doméstica.
Las estancias jesuíticas de Córdoba son una muestra singular de la organización productiva de los religiosos de la Compañía de Jesús en el país, que ha llegado a nuestros días a través de una arquitectura esmeradamente preservada.
Si bien la historia demostró que las estancias se adquirieron con fines económicos para el mantenimiento de colegios y otras casas de estudio, como es lógico “participaron también de cierto sentido misional, constituyéndose en centros de irradiación religiosa”.
Las estancias de Jesús María, Caroya, Santa Catalina, La Candelaria y Alta Gracia pueden ser recorridas en un circuito de 250 Km por pintorescos caminos serranos.
Manzana Jesuítica Ampliar
San Ignacio de Loyola, fundador de la Orden, nació en 1491 en el seno de una familia noble y militar. Hacia 1522 decide dejar las armas y sumarse a las huestes de la iglesia. Con sus estudios iniciados para ordenarse como sacerdote, conoce en París a Francisco Javier Diego Lainez, Pedro Fabro y Alfonso Samerón, con quienes compartiría la formación de una nueva orden, la Compañía de Jesús, bajo el lema "Para mayor gloria de Dios". Desde allí lucharían por la educación de la juventud y las misiones evangelizadoras en los nuevos territorios conquistados.
Desde entonces, la Orden de San Ignacio de Loyola sería conocida por el prestigio académico de sus colegios y universidades.
Iglesia de la Compañía de Jesús ( 1640 – 1676)
La austeridad de la fachada contrasta con la rica ornamentación del interior del templo. Esta construido en forma de cruz latina con una capilla a cada lado. Se destaca la bóveda construida en forma de quilla invertida, el friso de las empresas sacras, el retablo y el púlpito trabajado con la técnica del dorado a la hoja.
Capilla Doméstica ( 1644 – 1668)
Esta capilla de uso privado de los jesuitas es un fiel representante de la exquisitez estética en equilibrio con la precisión de ingeniería. Su cubierta, al igual que la del templo principal y el retablo del periodo jesuítico, permiten apreciar en su máximo esplendor el barroco americano.
La Universidad Nacional de Córdoba
El edificio que constaba originalmente de una sola planta corresponde a la tipología del convento urbano. El patio mayor fue a su vez el primer jardín botánico. Ampliamente reformado a lo largo de los siglos, el 2000 lo enfrentó a la última intervención.
El Colegio Nacional del Monserrat
Este edificio, al igual que el de la Universidad, consta de un gran patio. En 1927 se reforma el edificio, modificando el patio y agregando la torre de reloj, hoy símbolo del Colegio en base al proyecto del arquitecto Jaime Roca en el Lenguaje neoplateresco.
La actualidad
El antiguo complejo de la Manzana Jesuítica fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, en noviembre del año 2000.
La Casa de Trejo es la primera Universidad de nuestro país y la cuarta en América, constituyendo con sus 400 años de historia, uno de los focos de formación cultural más prestigiosos del continente.
La Orden de la Compañía de Jesús incorporó a la historia de América conocimientos tecnológicos. Por su notable influencia en la formación de los doctores, la ciudad de Córdoba detenta con gran orgullo el sello de “ la docta”.
En esta casa de altos estudios se formaron personalidades de la talla de Vélez Sársfield, Manuel Lucero y Santiago Derqui, entre otros se gestaron ideas que influyeron en el surgimiento de nuestra Nación.
El Museo Histórico de la Universidad
Hoy el edificio alberga al Museo Histórico de la Universidad Nacional de Córdoba, inaugurado el 8 de diciembre del 2000.
Los visitantes, al recorrer sus claustros y salas abovedadas, podrán maravillarse con la voluminosa librería jesuítica, apreciando las diversas ramas del saber de aquellos tiempos y valorando los minuciosos trabajos de imprenta, donde se podrá encontrar en los documentos del archivo general histórico de la universidad testimonios de hechos y sucesos que escribieron nuestra historia.
En el Salón de Grados se podrá conocer las costumbres y las ceremonias académicas que tuvieron lugar en la universidad desde el período colonial.
En una de las antiguas galerías del Colegio del Monserrat, se exhiben instrumentos del siglo XIX que pertenecieron al gabinete de física y que atestiguan al alto nivel científico.
Las salas de exposición temporarias albergan exhibiciones referidas a la historia de la Universidad Nacional de Córdoba e importantes donaciones efectuadas por particulares que acrecienta el acervo cultural de la Casa de Trejo.
Las Estancias Jesuíticas Ampliar
Córdoba está rodeada por una naturaleza deslumbrante y salpicada de elementos culturales que han merecido el reconocimiento internacional de UNESCO: las Estancias Jesuíticas de Santa Catalina, Jesús María, Caroya, Alta Gracia y La Candelaria.
De todo este conjunto, es de destacar la línea que une a la capital con Santa Catalina, el primer tramo del Camino Real, el sendero que transitaban los conquistadores españoles para llevar mulas y tejidos desde Córdoba hasta las minas de Potosí, Perú. Quedó allí una extraña y fascinante fusión de cultura y naturaleza, un perfecto encuentro que no deja de sorprender al visitante. En esta línea se pueden visitar las Estancias Jesuíticas Santa Catalina, Jesús María y Caroya.
Claro que se puede comenzar con un recorrido por la Manzana de las Luces, antes de salir de la urbe para comenzar a disfrutar la belleza natural de las sierras chicas, portadora de uno de los núcleos culturales más bellos de América Latina.
Esas estancias formaron parte de un gran proyecto de producción destinado a sostener las instituciones religiosas y educativas que fundó la Orden religiosa de los jesuitas en Córdoba. Distinguiéndose de las reducciones del Paraguay y el norte argentino, cuyo propósito era la reorganización social y educativa de los aborígenes, en las de Córdoba floreció la producción agrícola y vitivinícola, a la vez que se levantaban “algunas de las más bellas obras de arquitectura colonial del país", como se asegura en la Guía de Arquitectura de Córdoba editada en 1996 por las ciudades de Córdoba y Sevilla.
En esa obra se explica que las estancias responden al tipo de conjunto monástico instaurado durante siglos en Europa y luego trasladado a América: una iglesia, cementerio contiguo, claustros para residencia de los monjes y para talleres y vivienda de indígenas. "Las emparenta el ingenio y la capacidad de sus autores para adaptar las soluciones europeas a las condiciones tecnológicas y ambientales locales, de lo que han resultado obras de gran originalidad", sostienen los autores Marina Waisman, Juana Bustamante y Gustavo Ceballos. “Pero quizás el efecto más impactante y sugestivo se produce cuando, al transitar por un camino despoblado se descubren de pronto, elevándose por sobre la salvaje vegetación, las esbeltas torres de Santa Catalina coronadas por germánicos cupulines acebollados. Se experimenta entonces el asombro ante la grandiosidad de la aventura de aquellos monjes y la locura de su empresa, se puede intuir la fe y la energía que debieron impulsarlos a crear civilización en medio del desierto. Santa Catalina, con su iglesia de origen sur alemán y sus claustros italianos, con sus talleres en ruda mampostería de piedra, es sin dudas una de las más valiosas joyas de la arquitectura colonial de este país".
Estancia Santa Catalina Ampliar
La Estancia Santa Catalina fue fundada en 1622, en el mismo año que la actual Universidad Nacional de Córdoba, y es la más grande de todas las estancias jesuíticas declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad. Tuvo miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular además de su producción textil y del obraje de herrería, carpintería y sus dos molinos. Comprende una iglesia de imponente fachada barroca, una residencia con tres patios y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería con habitaciones para esclavos, el tajamar alimentado por aguas subterráneas provenientes de Ongamira y restos de acequias y molinos. Es sin dudas la obra más impresionante que nos han dejado los jesuitas radicados en estas tierras en 1599, quienes fueron expulsados en 1767. Para llegar hay que transitar 13 kilómetros de camino de tierra desde la ruta que une Jesús María con Ascochinga.
Estancia Jesús María Ampliar
Jesús María data de 1618, siendo el segundo núcleo del sistema productivo organizado por la Compañía de Jesús. Implantó la vitivinicultura en estas tierras de tal manera que aún hoy la zona se caracteriza por sus bodegas, logrando vinos con personalidad propia. El lugar incluye la iglesia, la residencia y la bodega, los restos de los antiguos molinos, el perchel y el tajamar. La iglesia, de nave única abovedada, posee un exterior bellamente sobrio, con una destacada cúpula central, ornamentada con interesantes relieves y con una elegante espadaña de piedra que puede admirarse junto a la sacristía. Además del templo, hay una residencia cuyo patio principal se encuentra bordeado por dos galerías de planta baja y alta, con entrepiso de bóvedas y techo superior de cabreadas. Actualmente es el edificio portador del Museo Nacional que permite admirar distintas colecciones de elementos de época, documentos y objetos artísticos. Para llegar se deben transitar 48 kilómetros al norte de Córdoba, por la Ruta 9 N.
Estancia Caroya Ampliar
A pocos kilómetros podrá conocerse el primer establecimiento productivo rural de la Compañía de Jesús: la Estación Caroya, creada en 1616. Desde 1854 la propiedad fue del gobierno nacional. En el primer período fue una casa de vacaciones para los alumnos del Colegio de Monserrat de Córdoba, muchos de los cuales provenían de los actuales países vecinos de Argentina atraídos por la ya prestigiosa Universidad de Córdoba. Posteriormente, la casa se convirtió en Fábrica de Armas Blancas de la Guerra de la Independencia (1814-1816) y Posta del Camino Real para el Ejército del Norte. Finalmente, el gobierno nacional, a partir de 1878, dispuso que la antigua estancia sirviera de asentamiento a una colonia agrícola. Actualmente se ha instalado allí el Museo del Inmigrante, pero también da testimonio de la fábrica de armas. La Casa mantiene una estructura colonial con su gran patio central rodeado de arquería. A él se penetra, ya sea por una entrada lateral para carruajes, o por una especie de " patio de honor", sobre- elevado con dos cuerpos salientes que lo enmarcan.
Estancia La Candelaria Ampliar
Se organizó en 1683. Tiene una capilla, la residencia y los locales anexos, ruinas de una ranchería, corrales, restos del tajamar, molino y acequias. Su tipología la ubica entre medio de un fortín y una residencia con santuario. Está a 220 kilómetros de la ciudad por la Ruta Nacional Nº 38 y a 73 kilómetros de Cruz del Eje.
Estancia de Alta Gracia Ampliar
Esta estancia data de 1643. Ahora es la iglesia parroquial de la ciudad y en la residencia funciona el Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers”. Se destaca el famoso tajamar. Tuvo producción textil, aunque la agricultura y la ganadería hayan sido la especialidad de la casa. Incluye una iglesia con fachada barroca, residencia con sus patios y locales anexos, el obraje, ruinas del molino, horno y acequias. Se ubica en e corazón de la ciudad, a 36 kilómetros de Córdoba por la ruta provincial Nº 5.
Todas estas estancias están rodeadas con la infraestructura necesaria para hacer una inolvidable visita. En varias se puede apreciar el turismo rural apegado a la cultura local, incluso con opciones de hospedaje dentro de los mismos predios originales donde fueron fundadas, como es el caso de Santa Catalina, La Candelaria o Alta Gracia.
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