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Patrimonio Cultural de la Humanidad - Estancias Jesuíticas - Estancia Alta Gracia PDF Imprimir E-Mail
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El núcleo de la antigua estancia jesuítica ha quedado en este caso, a diferencia de otros, inmerso en la ciudad de Alta Gracia que nació precisamente a partir de dicho establecimiento y data de 1643.La iglesia preside la plaza central de la ciudad, y a su costado la residencia es hoy Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers” del mayor interés arquitectónico e histórico. En una de las calles laterales, el antiguo obraje es sede de un colegio. También existe aún el tajamar, complemento obligado de estos establecimientos, que ha pasado a ser un elemento identificatorio de esta hermosa ciudad.

Los jesuitas desarrollaban construcciones que sirvieron a los fines productivos buscados. Así lo demuestra la creación de un obraje destinado a la producción textil, aunque la agricultura y la ganadería, en especial el comercio de mulas fueron las bases de su economía.

La iglesia constituye un caso atípico en el país: en primer término por su fachada sin torres, con su perfil compuesto por curvas interrumpidas una y otra vez, que hacen pensar en un barroco italiano tardío, y el reflejo de este perfil en una elegante forma del atrio; en segunda lugar, y esto es bastante insólito en toda la América hispánica, por las características del crucero, que se forma por un ensanchamiento de la nave central, aproximando así la planta a un esquema oval y, además, mostrando al exterior un volumen limitado por planos suavemente curvados, en lugar de la usual terminación plana. La cúpula que se eleva sobre este seudo-crucero no es muy peraltada, y acompaña de ese modo a la delicadeza general del diseño volumétrico. Podría decirse que la gracia es la característica dominante de Alta Gracia.

El interior de la iglesia muestra una estructura espacial bien definida por las fuertes cornisas, la molduración muy precisa del arranque de la bóveda y el atisbo de planos curvos, una vez más, que dirigen el espacio hacia el altar central. La decoración, de épocas bastante recientes, no es adecuada para acompañar estos valores.

La residencia, que se desarrolla en forma de “L”, posee un gracioso portal exterior y una elegante escalinata central -que ha perdido mucha de su gracia por una restauración demasiado rígida-, acompañada de un coronamiento que marca dicho acceso. Las galerías, cubiertas con bóvedas por arista, se abren a salas también abovedadas. En la parte posterior del predio se encuentra el patio de labor, donde se ha restaurado el rústico ambiente de la cocina.

 

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