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Patrimonio Cultural de la Humanidad - Estancias Jesuíticas - Estancia Colonia Caroya |
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Una construcción que data en su mayor parte del siglo XVIII materializa la rica historia de unas tierras que, desde su primera mención en 1574, al ser acordada a uno de los capitanes de la Conquista, Don Bartolomé Jaimes, pertenecerán a diversas familias, hasta pasar a propiedad de la Companía de Jesús en 1616, y por fin, en 1661 al Presbítero Ignacio Duarte y Quirós, fundador del Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat. Volverá a manos de la Orden Jesuítica y luego de su entrañamiento a diversas órdenes religiosas, al gobierno nacional, desde 1854. Pero, junto a esta historia está la de la serie de interesantes destinos que tuvo la Casa: en el período colonial sirvió como casa de vacaciones para los alumnos del Colegio de Monserrat, que venían en muchos casos desde lo que hoy son países vecinos, atraídos por el prestigio de la Universidad cordobesa. En el momento de la Independencia, la Casa se convertirá en fábrica de armas blancas (1814- 1816) y Posta del Camino Real para el Ejécito del Norte. Por último, cuando comienza el proceso de asentamiento de inmigrantes en la provincia, Avellaneda - antiguo veraneante de Caroya- dispone que la antigua estancia sirva de asentamiento a una colonia agrícola, lo que se cumplirá en 1878.
Recientemente, por acción de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia, se ha restaurado y comenzado la instalación de un Museo del Inmigrante. La Casa mantiene una estructura colonial con su gran patio central rodeado de arquería. A él se penetra, ya sea por una entrada lateral para carruajes, o por una especie de " patio de honor", sobre elevado con dos cuerpos salientes que lo enmarcan. Uno de ellos está formado por la capilla, único remanente del siglo XVII (reconstruído en gran parte), y el otro por un cuerpo de dos pisos con terraza en la parte delantera, con rasgos ya claramente pos-coloniales, pero no son estos los únicos pues los arcos rebajados, y la terminación superior tanto de este cuerpo como de todo el perímetro del gran patio, acusa el alejamiento del lenguaje colonial, con su balaustrada corrida, ingeniosamente construída con ladrillos puestos en diversas posiciones, seguramente a falta de las habituales columnillas cerámicas. La construcción se hizo con materiales locales - piedra de cantería, vigas de algarrobo, tejas musleras-. Las cubiertas están sostenidas, salvo en una sala abovedada, por cabriadas de par y nudillo.
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