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Maria Antonieta. Otra vez reina de París PDF Imprimir E-Mail
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Paris
Paris

La ciudad se rinde a la mariantonietamanía e inaugura una exposición para descubrir los lugares donde vivió, amó y murió la última soberana de Francia.

Tan fascinante como discutida, María Antonieta vuelve a estar en el centro de la escena. París, que en 1793 le cortó la cabeza, 215 años más tarde le hace un homenaje con una exposición en el Grand Palais, que se suma a esa suerte de reivindicación teñida de nostalgia desencadenada, hace dos años, por la reinterpretación del personaje por Sofia Coppola.

Es que la novelesca vida de la joven, nacida al amparo de los palacios austríacos y arrastrada por la caída de la fastuosa monarquía francesa, merecía este escenario imponente, que reúne 300 obras procedentes de toda Europa destinadas a descorrer el velo que la historia puso con violencia sobre su figura. La iconografía de la muestra incluye las célebres pinturas de Elisabeth Vigée Le Brun, que la representan en sus aposentos reales, pero también algunos cuadros menos conocidos, con escenas más intimistas de su vida palaciega, junto con esculturas y objetos de arte que revelan el pasaje del estilo Luis XV al Luis XVI. El giro sombrío que empezó a tomar su imagen aparece, finalmente, en las caricaturas y dibujos satíricos que circulaban en las postrimerías de su reinado, cuando para sus súbditos no era más que la despreciada "austríaca" y la causante de todos sus males.

Si la vida de María Antonieta se viera como una obra de teatro, su principal decorado sería el Palacio de Versalles, uno de los más lujosos de Europa, que sólo puede encontrar rivales en el Hofburg vienés, precisamente la cuna de María Antonieta, o el Ermitage ruso. La vida cotidiana y la vida de representación de la nueva delfina de Francia, tras el matrimonio en Versalles, pasaría por estos dormitorios, estos salones privados, estas galerías de espejos que reflejaban lo mejor y lo peor de la decadente corte francesa. Desde la ceremonia de levantarse, asistida por incontables aristócratas, hasta los alumbramientos públicos...

Como la historia se encarga de marcar sus contrastes, aquí sesionaron también los Estados Generales de 1789, en el principio del fin del único mundo que María Antonieta había conocido en su vida. Una de las mejores formas de recorrer el palacio es siguiendo las indicaciones de una audioguía disponible en ocho idiomas, que relata numerosas anécdotas e incluye ambientaciones sonoras como para sentirse en pleno siglo XVIII.

En el recinto de Versalles, la reina tenía también su mundo privado en el Petit Trianon, levantado por Luis XV para su amante, madame de Pompadour, y regalado luego por Luis XVI a su esposa: allí María Antonieta hizo construir la "aldea de la reina", réplica de un pueblo con su granja hecho a medida para pasar las horas vacías a las que la impulsaban la indiferencia del rey, su gusto por las frivolidades y un círculo de amistades de dudosa confiabilidad.

Las últimas horas

Desde el Pont au Change, sobre el Sena, se disfruta una de las más hermosas vistas de París, cuando el sol se apaga sobre los techos de la Conserjería, antiguo palacio real de la capital, transformado en prisión en el siglo XV. Hay a esa hora una pronunciada melancolía, que se acentúa al recordar los 76 días que pasó aquí encerrada María Antonieta, antes de ser llevada al cadalso. El lugar más visitado de la Conserjería, que se levanta sobre la Isla de la Cité, es la reconstrucción de la celda donde estuvo prisionera la reina depuesta: la presentación histórica que la acompaña ayuda a comprender el curso de los acontecimientos, pero basta el ambiente por sí solo para sentir la opresión, el miedo y la angustia que acompañaron sus últimas horas de encierro y degradación.

Después de la Conserjería, hay que pasar por la Chapelle Expiatoire, en la plaza Luis XVI, un homenaje póstumo al rey y su esposa levantado por impulso de Luis XVIII en el lugar preciso donde ambos fueron enterrados después de su ejecución y antes de ser llevados a la basílica de St. Denis, al norte de París, donde descansan los reyes de Francia.

La pantalla grande contribuyó a imponer una nueva ola de moda "a lo María Antonieta", mezcla variopinta de puntillas, postizos y terciopelos que alcanza a la decoración, la ropa, los accesorios y la gastronomía. En materia de decoración, el lugar es la Manufacture National de Sèvres, creada durante el reinado de Luis XV para producir objetos artísticos de cerámica con técnicas artesanales: de aquí salieron las porcelanas del palacio de Versalles en la época de María Antonieta.

Hoy día, los talleres se visitan, con reserva previa, y los objetos de decoración se ofrecen en dos galerías, una en Sèvres y otra en París. También la Manufacture de Bernardaud acuñó una nueva colección en homenaje a los años prerrevolucionarios: se la puede ver en su negocio de la Rue Royale, en París.

Los Museos Nacionales de Francia, que organizan la exposición del Palais Royal, la acompañaron con numerosos objetos que recuerdan la moda de su tiempo, entre ellos, un mantel inspirado en la decoración de su boudoir en Fontainebleau, mientras la casa de relojería Bréguet, que se precia de haber realizado un reloj por pedido de María Antonieta, editó una línea de alta joyería en homenaje a la reina y otra bautizada Jardines del Petit Trianon.

Y si todavía queda algo en el tintero, es posible mimarse con un tratamiento de belleza María Antonieta en el Hotel George V, y con las golosinas de chocolate negro llamadas Pistoles, que se venden en la célebre chocolatería Debauve et Gallais, heredera del boticario de Luis XVI. Estas monedas de chocolate fueron creadas para ayudar a María Antonieta a disimular su disgusto por los remedios, y terminaron por convertirse en sus favoritas: hoy, como ayer, siguen siendo un secreto artesanal y también un lujo propio de reyes.

Fuente: LaNación

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