Inicio arrow Noticias arrow Turismo Internacional arrow El señor de los paisajes. Nueva Zelanda
¿Quién está en línea?
Hay 3 invitados en línea
Formulario de acceso





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
Newsletter
Semanalmente las noticias de CordovaVirtual en su correo
Menú Principal
Inicio
Clasificados GRATIS
TV Online
Videos
Comunidad Virtual
MyBlog
Foro
Encontrate
Chat
Directorio de Enlaces
Galería de Imágenes
Noticias
Artículos recomendados
Mapa Virtual
Encuestas
Libro de Visitas
Contáctenos
Buscar en el sitio
Servicios
Alojamientos
Autos de Alquiler
Distancias desde Córdoba
Distancias hacia Córdoba
Esparcimiento
Mapas
Gastronomía
Transportes
Centros de Información Turística
Circuitos Turísticos
Visitas Guiadas
Áreas Turísticas
Área Calamuchita
Área Capital
Área Fortines, Lagos y Lagunas
Área Mar Chiquita
Área Noroeste
Área Norte
Área Paravachasca
Área Punilla
Área Sierras Chicas
Área Sierras del Sur
Área Traslasierra
Áreas Naturales
Localidades Turísticas
Productos Turísticos
Ecoturismo
Golf
Pesca Deportiva
Turismo Alternativo
Turismo Aventura
Turismo Cultural
Turismo Idiomático
Turismo Rural
Patrimonio Cultural
Patrimonio Cultural de la Humanidad
Iglesias
Datos de Córdoba
Clima
Hidrografía
Orografía
Rally de Argentina
Reseña Histórica
Teléfonos Útiles
Ubicación Geográfica
Directorio de Empresas de Turismo



El señor de los paisajes. Nueva Zelanda PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 1
010 
Nueva Zelanda
Nueva Zelanda

Detrás de una naturaleza desbordante y plena de contrastes, con glaciares, volcanes o playas a pocos kilómetros entre sí, se descubre una sociedad moderna y consciente del medio ambiente.

WELLINGTON.- Nueva Zelanda es uno de esos países en los que uno puede imaginarse una vida: limpio, seguro, multicultural, sin pobreza ni ostentación millonaria, sede de ciudades vibrantes, jardines generosos, mesas bien servidas, amabilidad sin artificios.

Y los paisajes. Rudyard Kipling alguna vez los calificó como la octava maravilla del mundo. Pero pasarían más de 100 años para que esos escenarios de cuento -que no por nada fueron los elegidos para filmar la taquillera triología de El Señor de los Anillos, entre otras películas de fantasía-, se convirtieran en el principal producto de exportación de Nueva Zelanda. Un país que, se mire por donde se mire, queda lejos de todas partes.

Desde la Argentina, lo más fácil es viajar vía Chile, y desde allí son 11 horas de vuelo. No parece tanto. Aunque, claro, al aterrizar en suelo kiwi se descubre que hay un día entero que se evaporó por arte de magia. Es decir, si se viaja un jueves, por ejemplo, se llega invariablemente un sábado.

Misterios del tiempo aparte, el país de los All Blacks recibe 2,4 millones de turistas por año. No es poco, en una nación de apenas cuatro millones de habitantes. Sucede que en su apretada y accidentada geografía, las dos grandes islas, que sumadas a un puñado de otros islotes conforman el Estado de Nueva Zelanda, concentran desde volcanes y glaciares hasta playas de arena negra, bosques subtropicales e incluso su propia cadena de Alpes. Y al ser un territorio compacto, con rutas impecables y facilidad de transporte, en un mismo día es posible, por ejemplo, saltar de una pista de esquí a una tabla de surf.

Pero no basta con tener una naturaleza privilegiada: hay que saber aprovecharla. Algo que los neozelandeses saben hacer, y muy bien.

De hecho, casi un tercio de Nueva Zelanda, cuyo tamaño es comparable a Gran Bretaña o Japón, cae bajo el manto de parque forestal, reserva marina u algún otro tipo de área protegida. Hay 14 parques nacionales en total, todos con acceso gratuito, y en cualquier punto del país siempre existe uno a corta distancia.

Sobran opciones para disfrutar de cada rincón de las islas. Y para hacerlo desde todos los ángulos, medios y presupuestos imaginables: trenes panorámicos que zigzaguean entre picos nevados y cumbres escarpadas, helicópteros que sobrevuelan lagos humeantes, barcos que surcan costas rasgadas por fiordos, gomones que flotan en grutas subterráneas, parapentes que planean sobre campos salpicados de ovejas (dicen que hay 15 por cada habitante), catamaranes especiales para ver ballenas... Y para los cultores del trekking y el ciclismo, todo Nueva Zelanda es un enorme circuito de senderos y miles de kilómetros marcados, señalizados y vueltos a marcar.

Semejante profusión de naturaleza también puede alternarse con un rosario de ciudades y pueblos que desmienten la fama de aburrida y previsible que se le ha atribuido a Nueva Zelanda, una ex colonia británica que aún conserva la fidelidad a la reina y la tradición de manejar por la izquierda.

Más allá de la cosmopolita Auckland, la mayor ciudad y a donde llega el 80% de los visitantes internacionales, también está la capital del país, Wellington, tan famosa por sus numerosos festivales e intensa actividad cultural (tiene más de 50 museos y galerías, entre ellos el renombrado Te Papa Tongarewa), como por la ferocidad de sus vientos, pues comparte con Chicago el apodo de Windy City.

O Christchurch, la ciudad más grande de Isla Sur, también conocida como la más inglesa fuera de Inglaterra. Es una delicia pasear por sus jardines botánicos, recorrer el río Avon en canoa, perderse entre sus iglesias de estilo gótico o tomarse un trago en los bares de The Strip, a orillas del río.

También en la Isla Sur, Queenstown es otra parada imperdible. Proclamada la Capital del Turismo Aventura, tiene bien ganada su fama: desde esquí a rafting y paracaidismo, no hay actividad que no se practique en los alrededores de la villa alpina. Incluso dicen que aquí fue donde el neozelandés A. J. Hackett inventó el bungee jumping (Hackett es el mismo que en 1986 se lanzó atado a un elástico desde la Torre Eiffel). Desde Queenstown parten las excursiones a los fiordos de Milford Sound y Doubtful Sound, reservas naturales de una belleza sobrenatural.

De todos modos, la gran ventaja competitiva de Nueva Zelanda va más allá de paisajes impactantes. Su imagen verde y su énfasis en el turismo sostenible son la principal apuesta de un gobierno preocupado por cuidar sus tesoros naturales y minimizar el impacto tanto en el medio ambiente como en la comunidad.

"Cada sector de la economía está enfocado para ser sostenible. Pero el turismo debería liderar el camino", asegura el ministro de Turismo, Hon Damien 0´Connor.

¿Cómo ser sostenible? A través de varias iniciativas, desde la reducción sustancial de las emisiones de carbono -el Estado se comprometió a recortar las del transporte a la mitad para 2040, además de ser unas de las primeras naciones en introducir vehículos eléctricos- hasta pequeños cambios que hoy son palpables en la mayoría de los hoteles neozelandeses: detectores de movimiento para encender o apagar luces, productos de limpieza libres de químicos, uso de papeles ecológicos y jabones biodegradables, la opción de no lavar las toallas todos los días, indicaciones sobre cómo ahorrar agua, etcétera.

"Ser sostenible es más que reciclar o usar bombitas de bajo consumo -aclara, sin embargo, John Delaney, director de Green Globe, un programa que regula y certifica proyectos ecoturísticos en 42 países-. Es simplemente ser más eficiente."

Delaney subraya que las comunidades juegan un papel clave en el turismo sostenible. En este sentido, Kaikoura, un pequeño poblado de la Isla Sur, se convirtió en la primera localidad que obtuvo la certificación de Green Globe.

Con apenas 3400 habitantes, Kaikoura recibe 1,6 millones de visitantes por año (el avistamiento de ballenas es la vedette del lugar). Para minimizar el impacto que esto significa en su infraestructura y medio ambiente, adoptó una serie de medidas que en un principio pecaban de ambiciosas, pero que alcanzaron resultados sorprendentes. Entre ellas, Kaikoura hoy recicla el 65% de la basura (incluso tiene un desfile de moda en el que se muestran vestidos realizados a partir de esos deshechos), y se propuso la reducción total de residuos para 2015. También plantó dos millones de árboles para compensar la emisión de dióxido de carbono, incluyendo al turista en su iniciativa: vende árboles a los visitantes, que tras sembrarlos pueden seguir su crecimiento a través de Internet.

"La mayoría de los turistas que vienen a Nueva Zelanda tienen que atravesar medio globo para hacerlo -dice O Connor-. Entonces, una vez que están acá, queremos ofrecerles lo mejor. Y el turismo sostenible es parte esencial de ese valor agregado."


Recomendar este artículo (11) | Cite este artículo en su sitio | Vistos: 300

Sea el primero en comentar el artículo
RSS de los comentarios

Escribir Comentario
  • Por favor, mantenga el tópico de los mensajes en relevancia con el tema del artículo.
  • Lenguaje inapropiado será borrado.
  • Por favor, no use los comentarios para promocionar su sitio, ese tipo de mensajes serán removidos.
  • Asegurese de *Recargar* la página para mostrar un nuevo código de seguridad antes de cliquear 'Enviar', en caso de haber ingresado un código incorrecto.
Nombre:
E-mail
Sitio Web
Título:
BBCode:Web AddressEmail AddressBold TextItalic TextUnderlined TextQuoteCodeOpen ListList ItemClose List
Comentario:



Código:* Code
Notificarme por e-mail los comentarios que se hagan a este artículo

 
< Anterior   Siguiente >


Búsqueda personalizada