 Fontana Di Trevi De Roma a Arabia Saudita, un paseo por algunas de las fuentes más espectaculares y famosas del mundo. El agua es vida. Si algo tienen en común las diferentes culturas del mundo es la fascinación por el agua, que ha sido siempre el elemento fundamental en torno del cual se han levantado ciudades y naciones.
Esta adoración milenaria se cristaliza simbólicamente en las fuentes, con las que la humanidad rinde, desde tiempos inmemoriales, homenaje y tributo al líquido de la vida, ya sea en armónicos jardines zen del lejano Japón, en los palacios de las afueras de París o en una plaza de algún barrio de Buenos Aires.
A lo ancho del planeta, existen cientos de miles de fuentes anónimas y también otras cuya fama y magnificencia las convierten en verdaderos hitos turísticos, paradas insoslayables dentro de un recorrido por ciudades de la talla de Roma, Bruselas, Londres, Madrid o San Petersburgo, entre tantas otras. Para muchos viajeros, estas fuentes no son simples lugares de paso, sino sitios envueltos de encanto, leyendas y tradiciones, que pueden a veces justificar el viaje por sí mismos.
Tres monedas a la fuente
Si se hiciera una encuesta para determinar cuál es la fuente más célebre del mundo, la Fontana di Trevi se impondría con varios cuerpos de ventaja. Exponente del esplendor del barroco italiano, se ubica en el final de un antiguo acueducto romano y su diseño estuvo a cargo de los maestros Gian Lorenzo Bernini y Nicola Salvi. Terminada en 1762, su nombre se debe a que se encuentra en la intersección de tres vías (Tre via=Trevi).
Entre las varias muchedumbres de turistas que suelen encontrarse por Roma, la que rodea a la Fontana siempre es la más colorida y entrañable. Cada día, cientos de personas se ponen de espaldas a la fuente y lanzan tres monedas con la mano derecha por sobre el hombro izquierdo: una para volver a Roma, otra para conocer una romana o romano y la última para casarse con ella o él. Pese a lo que pueda suponerse, la tradición no es muy vieja (surgió a partir de la película Tres monedas en la fuente, de 1954), pero reporta varios miles de euros al mes, que son entregados a instituciones de caridad.
Una de las más curiosas fuentes del viejo continente es el Manneken Pis de Bruselas, símbolo de la ciudad belga desde el año 1619. Su nombre significa literalmente "niño que orina" y se dice que fue creada en recuerdo de un niño que orinaba desde las murallas de la ciudad a los soldados extranjeros que la asediaron durante el siglo XIV.
En la categoría de fuentes con glamour, las palmas se las llevan sin duda las de Apollo y Latone, situadas en los Jardines de Versalles, en las afueras de París. Exquisitamente ornamentadas, son obra de los paisajistas del rey Luis XIV, el "Rey Sol", y son el modelo a partir del cual se crearon numerosas fuentes en todo el mundo.
En la misma línea aristocrática se inscribe la cascada de Samsom, en el palacio de Peterhof de San Petersburgo, cuyo diseño se inspiró en el refinado paisajismo francés y fue construida para evocar la victoria de las tropas rusas sobre el ejército sueco durante la Gran Guerra del Norte, en 1721.
Tradicionales y modernas
Muchas de las grandes ciudades del mundo tienen una fuente que las caracteriza. Madrid no sería la misma sin la Cibeles, construida en 1782, ni Barcelona sin la fuente de Montjuic, creada para la Exposición Universal de 1929 y escenario de cautivantes espectáculos de aguas danzantes.
En Londres, las fuentes que cumplen el papel de íconos de la ciudad son las de Trafalgar Square. Fueron diseñadas por el prestigioso arquitecto británico Sir Edwin Lutyens y en ellas mojaron sus pies decenas de miles de londinenses durante la celebración del final de la Segunda Guerra Mundial.
Durante las últimas décadas del siglo XX, el viejo modelo de fuente con estatuas de dioses griegos y piletones haciendo juego comenzó a quedar fuera de moda. Entre las nuevas tendencias apareció la de dar a las fuentes mayores dosis de espectacularidad, echando mano de la tecnología.
En este modelo se enmarca la fuente del Rey Fahd, situada en la ciudad de Jeddah, Arabia Saudita, considerada como la más alta del mundo. Gracias a un moderno y potente sistema de propulsión, la fuente eyecta un chorro de agua que alcanza una altura de 310 metros, a una velocidad de 375 kilómetros por hora. Un sistema similar tiene el Jet d'Eau, de Ginebra, cuyas aguas se elevan hasta alcanzar los 140 metros.
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